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1 sept 2014

Consejos y trucos de belleza

Siempre está el tema:
¿Que color me queda bien?
¿Que me pongo?

Bueno,que encontré en twitter una página de consejos.La sigo hace ya tiempo,y siempre publican buenas cosas,pero esto me encantó porque siempre me ha pasado(y ya tengo 42 años) de dudar si tal o cual color me va bien.
Para eso están los vestidores,los probadores de ropa en las tiendas,pero la verdad me da pereza,y en general le acierto a los colores,pero tengo algún que otro "clavo" por no probarme la ropa.

Veamos lo que publica la gente de modaenlinea.net  

Aclaro antes...las foto las cambié,pero los textos son TODOS DE SU AUTORÍA.

"Todos nacemos con un color de piel particular marcado por la herencia genética que nos han transferido y sobre el cual no podemos hacer nada. No obstante, tener un tono de piel moreno, terroso, blanquecino o dorado no hace que una persona sea más o menos atractiva.
En muchos casos, el tono de su piel, forma parte de su encanto particular. Una forma de sacar todo el provecho posible al tono de tu piel es vistiendo de forma adecuada, eligiendo los colores que más te favorezcan y eliminando aquellos que no. ¿A que parece sencillo?.
Rihanna

¿Qué tonos armonizan con el color de tu piel?


Podemos decir que los tonos de piel se dividen en dos: tonos cálidos, aquellos donde la piel tiene cierto color amarillento, y los tonos fríos, que hace referencia a aquellas personas que muestran un color azulado en su dermis. Los primeros, las personas de piel con tono cálido, deben llevar prendas con colores de esa gama cromática: amarillos, dorados, durazno, cobre, beige, etc., las personas de piel con tono frío, por lo contrario, deben optar por prendas con composición azulada.
Jenni Vartiainen
También existe la teoría de las cuatro estaciones que subdivide los tonos de piel en cuatro estaciones del año. Las personas de tono de piel clara y cabellos y ojos castaño claro, rubio oscuro o rojizos, pertenecen a la estación primavera y para resaltar su piel deberán llevar prendas doradas, naranjas, azul turquesa, salmón, marrones y derivados. Las personas de tono pálido, de cabellos rubios y ojos claros representan el verano y deben llevar prendas de colores pastel, plateadas, malvas, grises o blancos. Para pertenecer al otoño hay que tener una piel color marfil, durazno, llena de pecas, con cabellos y ojos castaños. A éstas les favorecerá los colores tierra como el naranja, el coral, el terracota, el marrón, el verde oliva, el café y el beige. Por último nos queda el invierno, a esta estación pertenecen las personas de piel de tonos fríos y cabellos y ojos oscuros. Para ellas los colores adecuados serán el fucsia, rojo, azul marino, magenta, gris, negro y blanco.

24 ago 2014

La gente bella vive mas y mejor

Lupita Nyong'o
Cuando Borges afirmó que la belleza es un hermoso misterio que ni la psicología ni la retórica son capaces de descifrar desconocía que un día la ciencia lograría desentrañar el enigma. Según un estudio de la Universidad de Cincinnati (Ohio, Estados Unidos), publicado hace un mes, la relación entre belleza exterior y bienestar interior es tan estrecha que a partir de ahora la segunda no se podrá entender sin la primera. Lo que en ausencia de datos nadie con dos dedos de frente se atrevería a promulgar es desde hoy una realidad. El culto al cuerpo y los miles de euros invertidos en tratamientos, alimentos de calidad y horas de gimnasio no pueden seguir considerándose temas superficiales o menores, pues, al parecer, la gente guapa vive más y enferma menos. Esta es la idea que concluyen los expertos tras analizar los perfiles de 15.000 voluntarios estadounidenses.
Según los resultados obtenidos de las entrevistas realizadas, belleza y felicidad no se pueden analizar por separado: la mayoría de las personas guapas tienen los niveles de colesterol a raya, la presión sanguínea controlada y su alimentación sigue las recomendaciones de los expertos. Asimismo padecen menos enfermedades crónicas, tienen mejores tasas de fertilidad y poseen una mayor capacidad para sortear los males de raíz neuromuscular. El estudio, que durante diez años ha seguido las aventuras y desventuras de un grupo de personas con edades comprendidas entre los 24 y los 35 años, afirma que los guapos también se deprimen menos –los casos diagnosticados de depresión son notablemente inferiores con relación a la media occidental–, tienen menos alergias y cuentan con menos posibilidades de padecer un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
Nada se sabe sobre los criterios de belleza que siguieron los responsables del análisis al reclutar a los sujetos estudiados. Quienes quieran rebatir las conclusiones, podrán ampararse en la idea de que es científicamente imposible determinar qué persona es guapa o menos guapa, ya que no deja de ser algo subjetivo. Sin embargo, Joseph L. Nedelec y Kevin M. Beaver, autores del estudio, explican que su investigación se basa en una escala de cinco niveles que diseñaron conforme a los cánones aceptados, sin aportar más detalles. Quienes rechacen el argumento tampoco podrán creerse otras observaciones que en el pasado demostraron científicamente que las personas guapassacan mejores notas, sus trabajos están mejor remunerados o sus hijos les hacen más caso. Después de todo, siempre habrá quien diga que sobre gustos no hay nada escrito.
Si damos por válidos los resultados del estudio, quienes se resisten a aceptar que el factor psicológico desempeña un papel determinante en nuestra salud quedarían en evidencia. La idea de que un físico agraciado puede ser sinónimo de salud no debe entenderse como la capacidad de la belleza para garantizar un bienestar per se, sino como la consecuencia de un estado mental determinado. Se trataría, pues, de otro experimento que prueba quela satisfacción y confianza derivadas de un pensamiento positivo permiten al organismo trabajar sin alteraciones. A riesgo de enmendar la plana a la medicina tradicional, los investigadores de la Universidad de Cincinnati suscriben una tendencia que lleva tiempo reclamando su sitio.
Un estudio de la Universidad de Duke demostró hace unos años que el estrés, por ejemplo, debilita el estado inmunológico y aumenta el riesgo de contraer infecciones.Otras investigaciones revelaron en el pasado que las personas positivas enferman menos y tienen menos riesgo de padecer cáncer. Pero más allá de la propia enfermedad, si la belleza es un inmunizador que colma de ventajas a quien la posee –como bien afirma el estudio publicado hace un mes–, probablemente se debe al hipotético bienestar interior que favorece. En cualquier caso el debate está abierto.
Nota: SModa

20 ago 2014

10 siniestros métodos de belleza de la época victoriana

Entre los iconos femeninos que abundaban en la época victoriana (llamada así por el reinado de Victoria de Inglaterra en la segunda mitad de s. XIX) podríamos encontrar en la lánguida Ophelia que pintó Sir. Josh Everett Millais todos los atributos que se deseaban en una mujer: tal y como describe Nina Auerbach en su obra Woman and the Demon: the Life of a Victorian Myth, en la cultura de este periodo el ideal estaba constituido por mujeres “cadavéricas”, “en trance, dormidas, como embalsamadas en vida”.

Esto parecía contrastar con los ideales de belleza y salud que defendían muchas de las publicaciones que comenzaron a inundar las calles victorianas. Madeleine Marsh explica en su obra Compacts and Cosmetics: Beauty from Victorian Times to the Present Dayque era “un deber de la mujer utilizar todos los medios a su alcance para embellecer y preservar su aspecto”, y en esta obsesión por alcanzar el ideal de “rosa inglesa”, tierna, delicada y con rubores naturales, nosotros repasamos las 10 cosas que debes conocer sobre la belleza de la época:
1. Los cosméticos eran “indecentes”: la discreción suponía el dogma de las damas victorianas en cuanto al maquillaje se refiere ya que su uso obvio era considerado de “actrices y mujeres de la calle”. Harriet Hubbard Ayer, columnista norteamericana de la época experta en belleza y dueña de la marca de cosméticos Recamier, recomendaba en su libro A complete and authentic teatrise of the laws of health and beauty (1902) no utilizar cosméticos hasta los 30 años, pero a partir de esa edad una mujer debía juzgar si utilizarlos o no. Entre los cosméticos que estaban mejor vistos se encontraba el llamado “rouge” (colorete) y los polvos, siempre y cuando fuesen discretos. Marsh recoge que tampoco había ninguna vergüenza en comprar “mejoradores” de piel y de pelo. En cualquier caso, lo que primaba era conseguir un resultado natural. Losperfumes seguían la misma línea que el maquillaje: debían ser delicados, como lavioleta o la lavanda, y evitaban asociarse con olores más fuertes, como el almizcle o el pachuli.
2. La piel, la obsesión de la belleza victoriana: es en esta parte del cuerpo donde se concentra la industria de la belleza del momento. Debía ser brillante, sin ningún tipo de imperfección y sobre todo, lo más blanca posible. Lola Montez, condesa de Landsfeld y autora del libro Arts of beauty (or secrets of a lady’s toilet) (1858) coincidía con Harriet Hubbard en que la limpieza diaria era el mejor secreto de belleza para mantener una piel inmaculada. Los baños con agua a diferentes temperaturas (como hacía la gran estrella Sara Bernhardt) y jabones puros eran “mejor que que las caras lociones”. Pero en el baño no era suficiente con la esponja, debía frotarse vigorosamente la piel, como con los cepillos “de piel de camello” que recomendaba Hubbard Ayer.

3. Belleza por envenenamiento: En su afán por conseguir una piel perfecta, se utilizaban productos inverosímiles que “destrozaban la salud”, como la ingesta de tiza o las dosis de mercurio que tomaban en la corte de Jorge I, según recoge Montez. Para las afecciones cutáneas, Hubbard Ayer recomendaba tomar “baños de azufre” y jabones que contenían azufres. Entre los blanqueadores aconsejados, existía un líquido que contenía mercurio, sustancias tóxicas que actualmente parecen increíbles de utilizar sobre el cuerpo humano. Dentro de las imperfecciones que se querían eliminar, como espinillas o puntos negros, se incluían también las pecas, que se podían quitar “frotando la piel”.
4. Las arrugas, ese gran enemigo: los remedios que utilizaban para combatir arrugas iban desde frotar diariamente la piel con servilletas secas, a un tratamiento rejuvenecedor llamado “baños eléctricos” por el que el paciente se sumergía en un bañera con agua y sal y se aplicaba electricidad a través de una esponja y una pila galvánica. La corriente, que podía ser regulada, era una forma de devolver la firmeza a los músculos y como recoge Hubbard Ayer, los efectos eran temporales. Otro sistema era el llamado “sueco”, consistente en los masajes que introdujo el sueco Perk Henrik Ling. El remedio casero más “curioso” consistía en vendarse la cara en carne cruda ante de irse a la cama para evitar las arrugas, una costumbre que recoge Lola Montez en su obra.
5. Una ideal que duele (y hiere): los remedios con los que se embellecían otras partes del cuerpo resultaban también muy extremos. Así, las damas victorianas podían exprimirse zumo de naranja sobre el ojo para tenerlos brillantes, usar pomada de mercurio sobre el párpado para los ojos hinchados, o depilarse con preparados cáusticos de arsénico, lima y potasio que a menudo “provocaban úlceras y llagas”, explica Montez.

6. El pelo, ese (otro) objeto de deseo: el cabello era la otra obsesión de las damas victorianas. Uno de los tonos de pelo más deseado era el rubio, que se conseguía con peróxido de hidrógeno. Lola Montez escribió que los productos que se utilizaban coloreaban el pelo quemándolo. Concienciados de su cuidado, se recomendaba un cepillado de 10 minutos 4 veces al día y existían productos específicos para evitar la caída del pelo, la descamación del cuero cabelludo… Uno de los más populares fue la grasa de oso, un cosmético que usaban tanto hombres como mujeres para el crecimiento del cabello. El preferido era el oso pardo, y fue tan demandado que consiguieron “diezmar la población rusa de osos”, describe Marsh.

7. El paso a una belleza de masas: La industrialización trajo consigo la publicación masiva de anuncios entusiastas que prometían con sus productos alcanzar el ideal de belleza deseado. Por primera vez, la industria no se dirigía a un público elitista, sino que incluía un nuevo tipo de consumidora, la mujer pudiente de clase trabajadora. Tanto las ‘drug-store’ norteamericanas como las ‘pharmacies’ inglesas hicieron que la belleza fuera asequible para un mayor número de personas de menor poder económico. Una de las mayores fortunas fue la de la familia Boot, que se dio cuenta que comprando a granel y aumentando el volumen de ventas podía reducir los precios. Cambió el nombre de su empresa a "Boot Cash Chemist" haciendo hincapié en lo accesible por el precio. ¿En qué se tradujo? Pasar de 130 tiendas en el cambio de siglo a 560 en 1914.
8. Escenario para el panorama actual: Los artículos para la piel vinieron de América hacia 1840 y derivaron en productos y compañías que sobreviven a nuestros días, como es el caso de Pond`s, creada en esta época por Theron T. Pond a raíz del éxito conseguido con su Pond’s Extract. Un producto novedoso fue el que descubrió el farmacéutico Robert A. Chesebrough, un residuo del petróleo con propiedades curativas que en 1872 patentó como la vaselina. Este producto revolucionó el tocador: las mujeres lo usaban como hidratante, aceite capilar y brillo de labios.

9. Un mercado de "charlatanes": hubo muchos que quisieron sacar beneficio a través de los productos sin prescripción médica, cuya elaboración resultaba un arte casi oscura. Esto fue denunciado por diarios como Toilette of Health, que acorde con Marsh, declaraba: "nos aventuramos a decir que los cosméticos que mantienen su composición en secreto son fraudulentos y están compuestos principalmente de mercurio y plomo". Tal y como explica Thomas Richards en The Commodity Culture of Victorian England: Avertising and Spectacle 1851-1914, al no haber leyes para "regular la verdad de la publicidad, no había manera de pararlos una vez que habían ganado acceso al público masivo a través de la prensa victoriana".

Probablemente el caso más sonado sea el de Madame Rachel, una mujer que a través de su tienda en Bond Street (Londres) y su concepto “Beautiful For Ever” engañó a las damas más ricas de la ciudad: bajo unos nombres exóticos vendía a unos precios desorbitados productos que realmente estaban adulterados. Acabó sus días en prisión por extorsionar a sus clientas, que se veían obligadas a pagar o empeñar sus joyas a cambio de la discreción o el silencio de la estafadora, como describe Daily Mail.

10. Belleza “Do it yourself”: ante la amenaza de estos productos perjudiciales, algunas voces expertas como Lola Montez recomendaban a las mujeres ser sus propias fabricantes, “no ya por una cuestión económica, sino de seguridad”. Así empezaron a publicarse libros que en realidad eran recetarios donde se explicaba la elaboración de los tratamientos más eficaces como si fuesen una delicia culinaria. Para preparar sus lociones y pomadas, las mujeres solo tenían que acudir a la botica o a su propio jardín. Entre los ingredientes más comunes se incluía el agua de rosas, el aceite de almendras, huevos, ron, brandy blanco, cera blanca, bergamota y otros más especializados como almizcle, ambargris, espermaceti (aceite blanquecino que se extraía del cráneo del cachalote) o tintura de benzoína, un componente que se utilizaba en remedios para la piel.

Le cambié el titular porque mas que "sorprendentes" me parecen "siniestras"