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6 abr 2013

Como actuar cuando veas a un ciego con su perro guía...difundir.


¡Hola! Soy un perro guía y quiero enseñarte ...

...cómo debes actuar cuando te encuentres conmigo en compañía de mi amo ciego.
Antes que nada, déjame decirte que soy un perro de trabajo, no una mascota.
Cuanto más me ignores, mejor será para mi amo y para mí.

Mi comportamiento y mi trato son totalmente diferentes a los de otros perros y debo ser respetado en mi doble función de guía y fiel compañero de mi amo ciego.

Por favor, no me toques ni me acaricies cuando me encuentre trabajando, o sea cuando me veas con el arnés puesto.
Si lo haces me puedo distraer y yo no debo fallar jamás.

Lo más adecuado, entonces, es ignorarme. ¡Pero no por ello vayas a sentir temor alguno!
Los perros guía estamos adiestrados y nunca seríamos capaces de hacerte daño sin motivo.

Eso sí.
Si traes contigo a otro perro, por favor contrólalo para evitar que llegue a producirse algún accidente cuando pase a mi lado o al lado de mi amo ciego.

Por favor, no me ofrezcas golosinas ni alimentos: mi amo ciego ya se encarga de ello
con esmero.
Estoy bien alimentado y tengo un horario prefijado para ir a comer.

Cuando te dirijas a una persona ciega que se acompaña por un perro guía como yo, háblale directamente a él y no a mí.

Si un ciego con perro guía llegara a solicitarte ayuda, acércate por el lado derecho,
de modo que yo quede a la izquierda.

Me ordenará entonces que te siga, o bien te pedirá que le ofrezcas tu codo izquierdo.
En tal caso me hará una seña para indicarme que estoy temporalmente fuera de servicio.

Si un ciego con perro guía te pregunta direcciones, dale indicaciones claras del sentido en que debe girar o seguir para ubicar el lugar al cual se dirige.

No corras ni tomes del brazo a una persona ciega en compañía de un perro guía
sin antes hablarle. Tampoco toques mi arnés, ya que el mismo es sólo para el amo ciego a quien acompaño.

Los perros guía tenemos lugares y horarios predeterminados para evacuar nuestros esfínteres.

Yo, como perro guía, estoy habituado para viajar en todo medio de transporte echado a los pies de mi amo ciego sin causar molestias a los pasajeros, tanto dentro como
fuera del país.

En virtud de su riguroso entrenamiento, los perros guía están habituados y capacitados para acceder y permanecer junto a sus respectivos amos en todo tipo de establecimientos, tanto de salud como en centros comerciales, restaurantes, supermercados, cafeterías, cines, teatros, centros de estudio o trabajo, etc., sin causar alteración al normal funcionamiento de los mismos ni molestias al personal o al público.

En los lugares de trabajo, los usuarios de perros guía se encuentran capacitados
para ejercer sus funciones con ellos a su lado.
Acorde al entrenamiento que reciben,
los perros guía nunca
vagan a su arbitrio por los
recintos, sino que permanecen echados a los pies de su amo ciego.

Los perros guía tienen el mismo derecho que estos para gozar de libre acceso a todos los lugares públicos.

¿Me ayudas
a difundir todo esto?

¡Gracias, amigo mío!

8 mar 2011

ES LA EDUCACIÒN...
















































Cierto, los ejemplos no son de Uruguay. Pero si continuamos como vamos, pronto podríamos superar a Paraguay.


Estos carteles forman parte de una de esas cadenas en las cuales la gente comparte cosas divertidas que encuentra en Internet. No se informa quien creó la colección de disparates, pero se lo puede suponer paraguayo y con alta capacidad de autocrítica, algo que comienza a escasear en Uruguay. Los pies de fotos también pertenecen al anónimo autor.





Como habrán visto, no todo tiene que ver con los conocimientos gramaticales; acá lo que se pone en evidencia es agresión al razonamiento, al conocimiento, un desprecio absoluto por el sentido común. Y todo eso compete a la educación formal y a lo que se recibe en el hogar; se necesitan muchos años de descuido para llegar a situaciones como esas.

Calificar de pésimas a las últimas estadísticas divulgadas en Uruguay sobre escolaridad, abandono, calidad de la enseñanza y muchas cosas más, tiene sabor a poco. Y echarle la culpa a exclusivamente a las actuales autoridades educativas, tiene todo el aspecto de algo injusto.



Hace muchos decenios que los padres y las autoridades de gobierno y oposición claman por una reacción que ciertamente no se limita a poner al Che Guevara en el panteón de los héroes sino que va mucho más lejos. Hasta el momento los resultados se han limitado a nombrar comisiones para que estudien el tema, realizar asambleas para que lo vuelvan a considerar y otras asambleas para criticar a las anteriores asambleas.

Mientras tanto tenemos cada vez más adolescentes que ni trabajan ni estudian, que toman alcohol a edad más temprana, se embarazan apenas están en condiciones de hacerlo, recorren la ciudad de madrugada embriagándose en el mejor de los casos y dándole de punta a la pasta base en el peor de ellos.



Y también tenemos algunas de las peores remuneraciones de docentes, con lo cual hemos logrado una de las peores capacitaciones de maestros y profesores. Tampoco los culpes a ellos, entre quienes hay algunos que hacen esfuerzos heroicos. Para ganarse la vida, la mayor parte de los docentes está sumido en el pluriempleo y el plurisacrificio. Así que si se te había ocurrido reirte un poco de los queridos hermanos paraguayos por haber llegado a este extremo, mejor callate la boca y pensá si hay algo que puedas aportar a este problemón. Para evitar estas cosas Uruguay tuvo el Texto Único y los libros de Abadie Zarrilli que en sucesivas ediciones te ponían a salvo no solo de costos escolares excesivos, sino también de que te tocara en suerte un mal maestro. Había que tener mucha mala suerte para que eso te ocurriera.



Eran tiempos en que las maestras tenían zapatillas, túnicas y libros para los niños que carecían de ellos y que nadie en absoluto se enteraba quiénes eran los compañeritos desafortunados. También había que zamparse un vaso de leche y un pancito, aunque hubieras desayunado, solo para no dejar en evidencia a quienes llegaban con hambre a la escuela.



Los comercios de cercanía llevaban donaciones a la escuela, los padres cooperaban activamente y las maestras nos recomendaban que no nos burláramos de los compañeritos menos educados que nosotros pues iban a colegios privados. No a todos ellos, pero ¡había cada uno!

Así que no nos vengan a inventar la igualdad social; sólo tendríamos que recuperarla. Con cuánta habilidad los uruguayos terminamos con todo esto en pocas generaciones.