FOTO:http://diabeticoscabreados.blogspot.com/2011/01/se-puede-ser-feliz-pesar-de-tener.html
1. Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras a una fiesta. Qué más fiesta que la vida.
2. No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.
3. Amarás al ejercicio físico como a ti mismo. Un rato de gimnasio, una caminata razonable dentro o fuera de casa. Contra inercia, diligencia.
4. Evitarás actividades y gestos de viejo derrumbado. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! Que la gente diga un piropo cuando pasas.
5. No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques. Con ello, acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás. Y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de
hospital. Deja de autollamarte viejo y considerarte enfermo.
6. Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo en los juicios, ten buen humor en las palabras, sé alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo.
7. Serás útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate hasta donde sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.
8. Trabajarás con tus manos y tu mente. El trabajo es la terapia infalible. Cualquier actitud laboral, intelectual, artística… Medicinas para todos los males, la bendición del trabajo.
9. Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. Desde luego que las que anudan dentro del hogar, integrándose a todos los miembros de la familia. Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida.
Luego ensancharás el corazón a los amigos, con tal que los amigos no sean exclusivamente viejos como tú. Huye del bazar antigüedades.
10. No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor. Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de que ser parte del mismo y poder ver muchas cosas lindas y nuevas.
¡No te olvides de reír a menudo para mantener la salud!
Autor Anónimo
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2 nov 2013
20 ago 2013
La importancia de los abuelos
Orchanski es un pediatra de Córdoba(Argentina) muy reconocido, y éste es un
artículo que publicó en uno de los diarios de Córdoba.
Los abuelos no sólo cuidan; son el tronco de la familia extendida,
aportan algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad.
"En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente
como consecuencia de un nuevo sistema de producción.
La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos
padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como
consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”. El nuevo
paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas
al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se
extendió y naturalizó en muchos hogares. Algunos afortunados todavía
pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la
protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las
consultas médicas.
Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran
eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe,
zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre,
cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la
que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil
ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de
estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están
solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.
El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso
del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez. Lejos de
apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las
anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad.
Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos:
extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se
ilusionan.
Los abuelos miran diferente.
Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas.
Para opinar, por ejemplo. O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a
veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado.
Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna
manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias
de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más
profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día.
Son incomparables cómplices de secretos.
Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de
sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad
de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias
de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de
tan preocupados que estaban por educarlos.
Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión
de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba.
La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada.
Los abuelos huelen siempre a abuelo.
No es por el perfume que usan, ellos son así.
¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad.
Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena
gente disponible).
FINALMENTE Y PARA QUE SEPAN LOS DESCREÍDOS....
LOS ABUELOS NUNCA MUEREN, SOLO SE HACEN INVISIBLES".
artículo que publicó en uno de los diarios de Córdoba.
Los abuelos no sólo cuidan; son el tronco de la familia extendida,
aportan algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad.
"En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente
como consecuencia de un nuevo sistema de producción.
La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos
padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como
consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”. El nuevo
paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas
al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se
extendió y naturalizó en muchos hogares. Algunos afortunados todavía
pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la
protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las
consultas médicas.
Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran
eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe,
zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre,
cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la
que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil
ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de
estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están
solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.
El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso
del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez. Lejos de
apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las
anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad.
Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos:
extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se
ilusionan.
Los abuelos miran diferente.
Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas.
Para opinar, por ejemplo. O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a
veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado.
Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna
manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias
de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más
profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día.
Son incomparables cómplices de secretos.
Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de
sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad
de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias
de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de
tan preocupados que estaban por educarlos.
Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión
de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba.
La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada.
Los abuelos huelen siempre a abuelo.
No es por el perfume que usan, ellos son así.
¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad.
Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena
gente disponible).
FINALMENTE Y PARA QUE SEPAN LOS DESCREÍDOS....
LOS ABUELOS NUNCA MUEREN, SOLO SE HACEN INVISIBLES".
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